En este momento en que las empresas Chilenas requieren incrementar la productividad, me detengo un momento y escribo estos apuntes respecto a los KPI. Lo hago pensando en que la mayor parte de las organizaciones, disfrutan lo que ganan, más no miden cuánto dejan de ganar por la ineficiencia en la gestión integral, entendiendo por esta los procesos financieros, comerciales, operacionales y de recursos humanos. El liderazgo cumple un papel determinante.
Los KPIs, los key performance indicators, son una herramienta
imprescindible en todas las esferas de la gestión empresarial. El concepto se
puede traducir al castellano como “indicadores clave de desempeño” o
“indicadores clave de rendimiento” y consiste esencialmente en un conjunto de
instrumentos de medida que proporcionan datos cuantificables para verificar el
nivel de cumplimiento de un objetivo.
Este objetivo puede ser financiero o no financiero. Un
objetivo financiero, puede consistir, por ejemplo, en aumentar un 7% los
beneficios antes de impuestos el próximo año, situarnos entre las cinco mayores
empresas de nuestro sector, reducir determinada partida de gastos, mejorar el
ROI… En el segundo caso, puede tratarse de lograr introducirnos en un nuevo
mercado, lanzar un determinado producto antes que la competencia, situarnos
como referente en el empleo de una técnica productiva concreta… Incluso puede
tratarse de conceptos más etéreos, como ser reconocidos por nuestras prácticas
de conciliación laboral-personal, aumentar la satisfacción del cliente o proyectar
una imagen de compañía tecnológicamente innovadora.
La empresa tiende a la medida objetiva, pero el ámbito
cualitativo es crítico: tiene un impacto muy alto sobre el rendimiento. Y hay
que medirlo. La práctica empresarial ha llevado a tipificar un gran número de
KPIs, pero no debe menoscabarse la importancia de la creatividad en esta tarea.
Por poner un ejemplo, ¿cómo medimos el grado de satisfacción de los clientes?
Con encuestas, por supuesto, pero ese no puede ser el único indicador: es bien
sabido que estas no siempre se responden con la veracidad ni la atención
suficientes. Hoy en día disponemos de multitud de herramientas digitales que
nos permiten analizar el comportamiento del consumidor y deducir de ahí sus
sentimientos sobre nuestro producto o servicio. Y con imaginación podemos idear
nuevos modos, adaptados a nuestras necesidades concretas, para conocer con el
máximo detalle lo que mueve a nuestros clientes.
Para que un KPI sea útil debe cumplir una serie de
condiciones que en el mundo anglosajón se conocen con el acrónimo SMART (que
además significa “inteligente”):
Specific: específico
Measurable: medible
Achievable: alcanzable
Relevant: relevante
Timely: oportuno
En cuanto al último punto, se suele traducir como “temporal”
o “puntual”, lo cual tampoco es desacertado, pero significa en realidad
“oportuno”, en el sentido de que pueda ser conocido a tiempo, sin excesiva
demora.
La obsesión por los KPIs es fuente de grandes ineficiencias
en muchas organizaciones. Se acumulan y analizan datos sin ton ni son, con el
elevado coste en tiempo no productivo que eso conlleva
La aplicación de los KPIs consta de cinco fases
consecutivas:
Responder “¿para
qué?“
Identificar los
indicadores clave (relevantes, alcanzables…)
Recoger los datos
Interpretar los
datos obtenidos
Tomar decisiones
Empezando por el primer punto, ¿cómo decido cuáles son mis
objetivos? Esta es sin ninguna duda la cuestión más importante relacionada con
los KPIs: saber no tanto cómo los usamos, cómo obtenemos datos precisos y
útiles para la toma de decisiones, sino para qué los usamos, con qué finalidad.
Es sorprendente la facilidad con la que aparecen interminables listas de KPIs
en cualquier informe si no hay enfoque.
Los invitamos a leer nuestro artículo sobre Planeamiento Estratégico aquí, y sobre Balanced Scorecard aquí.
Debemos preguntarnos, como hacía aquel entrenador: ¿por qué?
O, mejor, preguntárnoslo tres veces, tal y como hacen los ejecutivos coreanos
antes de darse por satisfechos con una respuesta: ¿Por qué?, ¿por qué?, ¿por
qué? La insistencia tiene motivo, puesto que cada vez que nos cuestionamos algo
llegamos a un nivel más profundo de comprensión de la cuestión. Nuestro
compañero Pau Blasi explica que en una ocasión, tras insistir en los motivos de
la medición de determinados parámetros de gestión de una empresa, el informante
acabó reconociendo: “Los medimos porque se nos ordenó tres jefes atrás”. Se
obtuvo así una respuesta sincera, y a la vez devastadora, a la pregunta.
La obsesión por los KPIs es fuente de grandes ineficiencias
en muchas organizaciones. Se acumulan y analizan datos sin ton ni son, con el
elevado coste en tiempo no productivo que eso conlleva. Por ello es importante
conocer cuál es el número idóneo de objetivos a monitorizar mediante
indicadores de rendimiento y cual el número de indicadores de rendimiento que
necesitamos para medir cada uno de los objetivos.
La estadística y el sentido común nos ofrecen una
aproximación. Un plan estratégico estándar se divide habitualmente en cuatro
niveles (visión de negocio, mercado y clientes, procesos y organización, y
retos de futuro y personas). En la mayoría de empresas cada uno de estos
niveles tiene entre tres y cinco objetivos asociados. Si hay menos, seguramente
se están descuidando aspectos esenciales de la organización, y si hay más puede
que se esté perdiendo la perspectiva sobre lo realmente importante. Para
conocer el grado de cumplimiento de cada uno de estos objetivos es deseable
disponer de un número lo más reducido posible de instrumentos de medida. En el mejor
de los casos con un indicador debería bastar, aunque lo más frecuente es
encontrar de tres a cinco indicadores. Con estas referencias, la mayoría de
empresas tienen entre 40 y 80 KPIs en su primer nivel estratégico.
Por otro lado, deben considerarse los estándares de cada
industria y la cultura de gestión de cada organización como determinantes
adicionales del tipo y número de indicadores finalmente empleados.
Estas ideas tan básicas, unidas a unas mínimas dosis de sentido
común y experiencia, marcan una gran diferencia en la gestión de los KPIs. En
un próximo artículo desarrollaremos cómo deben expresarse estos medidores en
los informes, para evitar preguntas del tipo “Qué significa un cero en rojo?”.
Claudia Valdés Muñoz
Socio BBSC
cvaldes@bbsc.cl
Para mayor información consulta por nuestros servicios a Contacto@bbsc.cl
Especialistas en Asesoría en Gestión Empresarial


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